{"id":2,"date":"2015-07-31T08:02:38","date_gmt":"2015-07-31T06:02:38","guid":{"rendered":"http:\/\/new.mariabofill.com\/es\/?page_id=2"},"modified":"2015-10-27T21:08:19","modified_gmt":"2015-10-27T19:08:19","slug":"portada","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/mariabofill.com\/es\/","title":{"rendered":"Portada"},"content":{"rendered":"<p>Hace a\u00f1os, cuando el Tao-Te-Ching era poco menos que el libro de cabecera de muchos de nosotros, nos sab\u00edamos de memoria citas y m\u00e1s citas del librito \u2013grande en su peque\u00f1ez- y confieso que ahora he tenido que rebuscar para colocar la frase de la entradilla. Apenas vistas las obras que Mar\u00eda Bofill iba a mostrar en esta exposici\u00f3n fue lo primero que se me vino a la cabeza y tan solo pod\u00eda recordarla en su versi\u00f3n m\u00e1s reducida: \u201cEjecuta lo grande comenzando desde lo m\u00e1s peque\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<p>Eso, precisamente es lo que me suger\u00eda la contemplaci\u00f3n de aquellas diminutas piezas que, sin embargo, representaban edificios, tierras de cultivo, jardines, cerros, monta\u00f1as, olas, el mar, las nubes, el cielo\u2026 todos son temas presentes en las porcelanas de Mar\u00eda Bofill. Quien lea los t\u00edtulos de sus trabajos y no est\u00e9 familiarizado con la obra de esta singular ceramista pensar\u00e1, autom\u00e1tica y err\u00f3neamente, en grandes piezas que habr\u00e1n precisado de descomunales formatos para tratar de reflejar aquello a lo que dan cuerpo.<\/p>\n<span class=\"collapseomatic noarrow\" id=\"id69d2207eb30bc\"  tabindex=\"0\" title=\"Leer m\u00e1s...\"    >Leer m\u00e1s...<\/span><div id=\"target-id69d2207eb30bc\" class=\"collapseomatic_content \">\nParad\u00f3jicamente sus piezas son m\u00ednimas, tanto que incluso las de mayores dimensiones, realizadas con la yuxtaposici\u00f3n de elementos que se agrupan para la consecuci\u00f3n del asunto \u2013el mar embravecido o un cielo repleto de nubes son escasamente cercanas al metro y, no obstante, nos remiten a vastas superficies, nos sumergen en sus ondulaciones o nos hacen volar ingr\u00e1vidamente entre los vapores que reproducen materialmente. Y ah\u00ed radica, algo que continuamente recalcan cr\u00edticos y ex\u00e9getas de la obra de la artista, el esp\u00edritu de una obra que desde lo m\u00ednimo es capaz de transmitirnos el concepto de lo inmenso.<\/p>\n<p>Y cuando se dice m\u00ednimo es porque lo es en todas las acepciones del t\u00e9rmino: es m\u00ednima por peque\u00f1a; es m\u00ednima por haber sido despojada de todo aquello que resulta prescindible para expresarse; es m\u00ednima porque de todo lo representable tan solo recoge lo<br \/>\nesencial y es m\u00ednima porque incluso lo es en su elaboraci\u00f3n y en su cromatismo. Por el contrario, es grande en contenidos, en ideas, en conceptos, en orden y en \u00e9nfasis.<\/p>\n<p>Y cuando lo esencial y lo ideal se juntan, como sucede en las peque\u00f1as piezas de Mar\u00eda Bofill, no exagerar\u00edamos nada si decimos que de ello resulta una explosi\u00f3n visual que, de nuevo los opuestos, va a afectar m\u00e1s a nuestro esp\u00edritu que a nuestros ojos. Las obras describen, las m\u00e1s de las veces, amplios paisajes o monumentales construcciones, pero en ocasiones se empeque\u00f1ecen sin dejar de serlo para transmitirnos un concepto que nos obliga a acomodar la mirada para encontrarlos dentro de lo que es una idea po\u00e9tica.<\/p>\n<p>Eso sucede cuando a la artista se le ocurre encerrar un manantial, cercar el mar, hacer que un pez cruce una nube o tender escalas para que las nubes se acerquen al suelo. La mirada, que siempre ha de ser sosegada y profunda, se hace entonces c\u00f3mplice de ese proceso de ep\u00edtomes que nos plantea la artista intentando llegar a esa propuesta tan rigurosa como entra\u00f1ablemente l\u00edrica, tan austera como profundamente brillante.<\/p>\n<p>Y todo viene de lejos, desde que hace m\u00e1s de treinta a\u00f1os emprendiese ese \u201ccombate y complicidad\u201d con la porcelana, el material del que se vale y al que sabe extraer su energ\u00eda; en numerosas ocasiones sin otro artificio que el de la natural iridiscencia de la pasta y en otras con la aportaci\u00f3n de un cromatismo esencial de azules, negros y oros en una innegable evocaci\u00f3n de su siempre presente mediterraneidad. Y<br \/>\nsi bien el Mediterr\u00e1neo es su ra\u00edz, su cuna y su eje vital, no debemos dejar de lado una formaci\u00f3n que pasa por la b\u00fasqueda de lo cualitativo propia de su paso, tanto de alumna como de profesora, por el mundo saj\u00f3n y aquella otra que le acerc\u00f3 a la introspecci\u00f3n y a la pulcritud en su deambular por el Oriente.<\/p>\n<p>Mar\u00eda Bofill, antes lo hemos dicho, es una artista que puede parecer parad\u00f3jica pero no en el sentido de ser lo incoherente o contradictoria; se vale de la paradoja para reafirmar su idea de que lo peque\u00f1o, lo aparentemente nimio e intranscendente, puede llegar a alcanzar valores cercanos a lo sublime, algo ciertamente dificultoso para cualquier mortal. Quiz\u00e1 lo consiga, tal como alguien escribi\u00f3 en un texto, porque a veces se nos \u201cpresenta como una sacerdotisa invocadora del pasado y creadora de laberintos y espacios intimistas o melanc\u00f3licos\u201d, pero acaso sea m\u00e1s correcto, a m\u00ed me lo parece, concederle la categor\u00eda de alquimista, lo que eran aquellos personajes que intentaban obtener, entre otras cosas, lo m\u00e1s valioso, el oro, a partir de elementos pobres.<\/p>\n<p>Pues algo as\u00ed consigue Mar\u00eda con sus piezas, una maravillosa transformaci\u00f3n, la de elevar un trozo de tierra a la categor\u00eda de obra de arte, la de convertir materia en esp\u00edritu. Y vista la obra nos resta volver la mirada a la artista, a la persona que es capaz de obrar prodigios. Desde tiempo atr\u00e1s -y desconozco el real motivo de mi parecer Mar\u00eda Bofill me parec\u00eda una artista tan distinta como distante. Cierto que siempre falt\u00f3 el contacto directo, algo que resulta primordial en el conocimiento de las personas, pero si bien apreciaba y sent\u00eda sus realizaciones, como aquel espl\u00e9ndido Laberint que desde 1996 atesora la rec\u00f3ndita colecci\u00f3n del Museo de Cer\u00e1mica de Avil\u00e9s, algo me separaba de ella. No sabr\u00eda encontrar el porqu\u00e9, pero al igual que con sus creaciones bast\u00f3 una aproximaci\u00f3n para refrendarle la categor\u00eda de distinta y cambiarle la de distante por otra m\u00e1s acertada: entra\u00f1able.<\/p>\n<p>Aquella mujer que se dejaba cautivar por los bosquecillos de las cercan\u00edas de Avil\u00e9s, que se impresionaba ante la contemplaci\u00f3n de un mar tan distinto del suyo desde el elevado tajamar del Cabo Pe\u00f1as o que se sent\u00eda hechizada por un rayo de sol que se abr\u00eda paso entre los nubarrones de un horizonte cant\u00e1brico infinito no pod\u00eda ser, de ninguna forma, distante. A partir de ah\u00ed supimos profundizar, m\u00e1s si cabe, en todas y cada una de sus peque\u00f1as piezas \u2013los resquebrajados Pirineos, el jard\u00edn negro del cipr\u00e9s dorado, las lavas con las que hace emerger un ins\u00f3lito color rojo, los cerros que surgen de las ondulantes aguas de un lago- hasta conseguir hacernos llegar, por las intrincadas sendas de sus laberintos, a esa grandiosidad perseguida por todo artista y, como Lao Tse, reconocer lo bello como lo bello.<\/p>\n<p>Ram\u00f3n Rodr\u00edguez<\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace a\u00f1os, cuando el Tao-Te-Ching era poco menos que el libro de cabecera de muchos de nosotros, nos sab\u00edamos de memoria citas y m\u00e1s citas del librito \u2013grande en su peque\u00f1ez- y confieso que ahora he tenido que rebuscar para colocar la frase de la entradilla. 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