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COPAS


En las manos de Maria Bofill, la cerámica se desmaterializa. Ya no es posible de reducir mas la materia. Soporte de la forma y del color, solamente. Casi solo un dibujo: unos planos, unas superficies finísimas, pura sensibilidad que se mantiene en difícil equilibrio, como por la complicidad de nuestra mirada.

La porcelana ofrece unas posibilidades a las cuales hay que corresponder. Mas que no exhibiciones formales o de texturas parece exigirnos delicadeza, flexibilidad, una acción que es tanto externa como interna. La materia, replegada en ella misma, se contempla.

Hace falta estar muy atento para percibir la fina vibración, una especie de aleteo muy sutil, del cual no sabemos hasta que punto es real, ni que ámbitos del nuestro ser implica en el juego.

J. CORREDOR MATHEOS
fragmento del catálogo de la exposición Museo de Cerámica, Barcelona.
diciembre 1985-enero1986

 

LABERINTOS 

Desde sus primeras copas o quizás capiteles, que inicia en los años ochenta, hasta sus torres a manera de zigurats o sus actuales laberintos, muestra de su profundo espirítu mediterráneo, aunque impregnados de cierto hálito oriental, la porcelana le sirve para conseguir un amplio espectro de calidades que el gres no proporciona.

PILAR  VÉLEZ
  fragmento del catálogo de la ’exposición en el Museu Nacional do Azulejo, Lisboa.
Enero – abril 1998

 

ARQUITECTURA DE PAISAJE


Maria Bofill ha sido desde sus comienzos un faro en la escultura cerámica contemporánea. Si se tubiera que definir de una manera escueta la escultura de Maria Bofill quizás los términos más adecuados serían los de monumental y extremadamente delicada. Su material preferente en los últimos años es la porcelana que ha desplazado al gres por sus posibilidades de transmitir características contrapuestas: dureza-fragilidad, ornamentalidad-rigor, mediterraneidad-universalidad, clasicismo-modernidad, abarcable-monumental, etc. La riqueza expresiva de sus tazas columna, todo un alarde de imaginación, sensibilidad,proporción y reconstrucción mediterránea actual se presentan como el tránsito de una utilidad que se reconstruye por un delicado y potente esteticismo. Finisimos y evocadores laberintos que atrapan y matizan la luz de una manera gradual. Serializaciones que aluden al minimalismo y se alteran por la diferenciación de cada uno se sus elementos que tienen su propio caracter singular.

La dureza de la porcelana se convierte en vulnerable gracias a los delicados craquelados de sus arquitecturas. Sumarios peristilos, arcos y estructuras adinteladas sirven para que la luz y el aire sean parte inseparable de volúmenes rotundos y monumentales. Construcciones níveas con irisaciones lapislazuli que  incluyen las huellas de una escultora como impronta evocadora de otras huellas de un pasado  mediterráneo que han cofigurado nuestra cultura.

ANTONIO GARRIDO MORENO
fragmento del catálogo Escultura Cerámica Ibérica Contemporánea. 
Pazo de Cultura de Pontevedra,  abril 2007